AL OTRO LADO DE LA CALLE

 

Estas sentado en la terraza del bar. En una noche igual que todas, un poco más interesante porque hay algunas chicas a tu lado;  frente a esos árboles que rodean todo el lugar como en una emboscada; uno de los chicos entabla la primera conversación, todos lo miran; sigue exponiendo su tema, habla de lo que él conoce, habla de eso que está pasando, de aquel sujeto y de este otro que hizo esto con aquel. Habla y otro opina, todos miran; algunos empiezan a discutir en una forma como de coro desordenado.  Piensas en la escuela, ¨en todo eso que te decían acerca de alzar la mano para pedir la palabra¨, empiezas a enloquecer un poco; de repente antes que te puedas dar cuenta ya hay en la mesa otra conversación que los divide. En una sola mesa dos conversaciones; tú tratas de sumarte.

El azul dice ella, el rojo dice el amigo Raúl; que rojo ni que nada, menciona otro que esta a tu lado; el mejor es el amarillo, todos lo saben; entonces alguien dice, ¨es que en realidad no son lo colores lo mejor es el águila¨.

Sonríes, el estrés se baja un poco, comienzas a bostezar y otra vez después de tomar un trago de cerveza; hechas una mirada fija a un gran árbol de mango que está justo al frente, del otro lado de la calle, parece mirarte. Es allí cuando se comienzan a disipar todos los sonidos de la mesa.

Uno de ellos toca tu hombro, te llama por tu nombre y pregunta tu opinión. No puedes decir más que un distraído ¨estoy de acuerdo¨ y este dice, ¨se los dije¨; tratas de escucharlos, de meterte involucrarte en el tema pero no puedes evitarlo y recaes en lo de mirar ese árbol de mango que ahora ya no está solo y junto a unos seis más te hacen figuras, señas; te hablan desde el otro lado de la calle, tú los miras, ellos a ti. No hay forma de que te pierdas de todo ese movimiento, de eso que te están diciendo. Te llaman tus amigos; ¨ ¡marcos! ¨  tú respondes ¿Qué?  ¿No estás prestando atención? te preguntan, respondes: ¨sí¨.

Los miras, sin prisa, volteas la silla dando la espalda a los arboles; que ya a esa altura eran casi los dueños de toda tu atención. Tu otro amigo, el que siempre habla, entabla su famosa verborrea sobre esos escritores y aquellos inventores tan grandes que cambiaron todo y los nuevos que lo siguen haciendo; miras las caras, escuchas palabras de aprobación; las chicas que antes hacían más interesante tu noche, no podían cerrar la boca ante tal conocimiento; te das cuenta que no tiene por qué seguir todo  así como siempre, otro día mas en aquella reunión con las charlas nocturnas;  Entonces, vuelves a los arboles.

 

FREDY A.C.P 

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